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jueves, 2 de octubre de 2014

ANÉCDOTAS, FECHAS Y TRADICIONES

Los Basureros
En el recuerdo de más de un armillense estará el sonido de los carros de los basureros en el amanecer de un lejano verano. Eran unos sonidos muy peculiares, cada uno de ellos tenía una particularidad, unos se distinguían por las voces que daba el basurero al saludar o al arrear a las bestias, otros, en cambio, se conocían por el resonar de las ruedas de madera del carro. Eran sonidos llenos de vida que fueron desapareciendo conforme el progreso y la modernidad irrumpieron en nuestra sociedad. Ahora nada queda de aquellas caravanas que, en un pasado, contribuyeron a crear y formar la Armilla de hoy.
El trabajo de los basureros de Armilla normalmente se hacía en el ámbito de familia, todos los miembros del clan trabajaban sin descanso para conseguir un producto que les daría de comer: el estiércol. En Armilla vivían algo más de cien familias de esta actividad, eran familias muy numerosas, con siete o más hijos.
La labor de basurero no era tan simple como podamos imaginarla en la actualidad: era todo un ritual que partía con la recogida y finalizaba con la fermentación de la basura. El basurero, al llegar a Granada con los primeros rayos del alba, se encontraba con su zona determinada, en ella no estaba tan sólo la basura, también estaban las personas que la producían, personas que se relacionaban con el basurero, que sabían su nombre, los hijos que tenía, si la mujer estaba embarazada, o si la suegra había fallecido el día anterior. Estos clientes le preparaban la basura clasificada, así la labor de nuestros hombres era más sencilla.
El basurero aprovechaba prácticamente todos los desperdicios. Eran muy pocos los que no se reciclaban. En los carros era habitual poder observar distintos bidones metálicos, cada uno de ellos para una basura en concreto.
Antes de que cayese la tarde los carros volvían de la ciudad, sus ocupantes ya no tenían fuerzas para gritar, se les podía ver descansando en la vara del carro, con la gorra echada un poco hacia atrás y de vez en cuando dando una cabezada. Tenían que tomar fuerzas para la tarea que le esperaba en la casa.
La labor del hogar consistía en volver a clasificar la basura, ahora de una forma más esmerada. Y sobre todo el "apañar" la comida a los cerdos con los restos de cáscaras, frutas y demás desechos de uno de los bidones. Otra tarea era la de la clasificación de los papeles y cartones, en ella cooperaba toda la familia haciendo paquetes que luego venderían para el reciclaje. Por último, amontonaban los hierros, colchonetas, alambres y demás en otra pila.
Se acercaba la hora de la cena, pero aún faltaba realizar el asunto más importante: transportar los restos de todas las basuras al estercolero. La gran mayoría de los estercoleros se encontraban situados en las proximidades de Churriana, en ellos cada basurero tenía una parcela donde dejar la basura para que, mediante un proceso bacteriológico y climatológico, se descompusiera. Meses más tarde, en lugar de basura habría estiércol del más natural, que utilizado convenientemente en la vega haría crecer con un vigor inusual los diferentes productos.
Me comentaba un vecino de la localidad que el sabor de aquellos pimientos, o de las patatas si que era natural...



El Rosario de la Aurora
Aunque ya hemos narrado en un capítulo anterior la Procesión del Rosario de la Aurora, no querría dejar pasar aunque sea muy escuetamente el tema de las coplas del Rosario.
Los orígenes de tales tonadillas se pierden en el pasado. Se cuenta que eran propias de los trovadores, aunque en la actualidad han ido pasando sus letras generación tras generación, de padres a hijos. Es agradable poderlas escuchar al amanecer de los días señalados acompañadas de las campanillas, acordeones, guitarras y bandurrias.
Son bastantes las coplas que aún se preservan, y me creo en la obligación de dar testimonio de algunas de ellas en este libro como parte muy valiosa de la cultura armillense.

1. Campanillas suenan en la puerta
ni te llaman ellas ni te llamo yo
que te llama la Virgen María
por boca de un ángel ¡Jesús que primor!.

2. Cinco lirios y cincuenta rosas
en el Paraíso cortó un serafín
y la aurora fragante y corona
y la coronaron como emperatriz.

3. En la Iglesia señores de Armilla
a mano derecha repara y verás
nuestro Padre Jesús Nazareno
con la cruz a cuestas que al Calvario va.

4. Se corrió la cortina celeste
salió el ángel bello, la fue a saludar
a la niña que fue concebida
sin mancha ni culpa de la original.

5. En la cruz enclavado el cordero
su madre afligida le decía así:
Hijo mío que sola me dejas
y desamparada ¿qué será de mí?.

6. Padre nuestro que estás en los cielos
que santificado tu nombre feliz
vénganos en tu reino y líbranos
de las tentaciones del diablo sutil.

7. Padre nuestro que estás en los cielos
de estas dos palabras me acuerdo nada
más, porque estando mi Padre en el cielo,
siendo yo buen hijo, también iré yo allá.

8. En el día ocho de Septiembre
entre la azucena, la natividad
nació pura tan limpia y sin mancha
nació como el alba la perla de Ocal.

9. A la Aurora tenéis en la puerta
pidiendo limosna si la queréis dar
para ayuda de hacer una ermita
pues no tiene casa donde habitar.

10. San Miguel patrono de Armilla
en eso consiste nuestro bienestar
en mentando su nombre glorioso
a todo el infierno le hace temblar.

(2 veces)

11. Pecador que durmiendo y lo sientes
y al Santo Rosario no quieres venir
guárdate del calor de la cama
no se te convierta en fuego sin fin.

12. ¡Oh! dichosa ciudad de Granada
que en la entrada tienes un palacio real
donde habita la reina del cielo
madre de la Angustias en su lindo lugar.

13. Los faroles ya están encendidos
por falta de gente no pueden salir
llamaremos ángeles del cielo
que al Santo Rosario vengan a asistir.

14. San Isidro triunfante y glorioso
que deja la yunta y a misa va
y los ángeles labran la tierra
y el santo bendito con su Dios está.

15. Cuando estaba Santa Ana parida
de aquella belleza que al mundo nos dio
San José patriarca bendito
contento y alegre la fue a visitar
y estando en aquella visita
sus brazos ancianos lograron tomar
a la niña que fue concebida
sin mancha ni culpa del original.

16. El Rosario un fuerte mosquete
las cuentas son balas para pelear
con las cuales hirieron a un hombre
para que sus culpas llegara a pagar.

17. Es María la caña de trigo
San José es la espiga y el Niño la flor
y el Espíritu Santo es el grano
que está allí metido por obra de Dios.

18. Jesucristo en el monte Calvario
con la cruz a cuestas pidió de beber
le responden los perros judíos
traigan el vinagre que aquí está la hiel.

19. Hermanitos venid en silencio
porque a Jesucristo lo van a enclavar
las estrellas se visten de luto
el sol y la luna se quieren clisar.

20. En el cielo se reza un rosario
todas las mañanas al amanecer
y Santiago lleva el estandarte
las luces y los Santos, la cruz: San
Miguel.

21. En la Iglesia señores de Armilla
se encuentra una joya de mucho valor
nuestra Madre Señora del Rosario
consuelo y amparo del pecador.

22. En lo alto del monte Calvario
hay una bandera que se puede ver
el que quiera sentar plaza en ella
Jesús Nazareno va de coronel.

23. En el templo de Jerusalén
hay un desposorio que se puede ver
que se casa la Virgen María
con el patriarca, señor San José.

24. A la entrada del pueblo de Armilla
a mano derecha repara y verás
una Iglesia antigua y sencilla
pero en ella habita un Arcángel celestial.

25. Hoy domingo celebra la Iglesia
la entrada de Cristo en Jerusalén,
lo reciben con palmas y olivas
a Cristo y a su madre para nuestro bien.

26. En la casa de Abel sagrada
bajó Santa Ana y el Señor San Joaquín
y la Virgen como capitana
siendo nuestro amparo también viene a mí.

27. De rodillas postrada la Aurora
mirando a los cielos se puso a decir:
yo Señor soy vuestra humilde esclava la voluntad vuestra se ejecute en mí.

28. ¡Oh! dichosa hermandad de la Aurora
la mejor de todas se puede decir
se levanta a dar las alabanzas
a Cristo y a su madre y al señor San
Joaquín.

29. En la cuba de la penitencia
Santa Rosalía su pelo cortó 
y el demonio tienta a la Santa
y ella se consuela con mirar a Dios.

30. Es María la nave de gracia
San José es la vela y el Niño el timón
donde van embarcadas las almas
que van de carrera para su salvación.

31. A las una, a las dos de la tarde
llegó San Cristóbal a la orilla del mar
con el Niño de Dios en los brazos
diciendo valerme que no puedo más.

32. Un devoto por ir al Rosario
por unas ventanas se quiso arrojar
y al decir "Dios te salve María"
se encontró en el suelo sin hacerse mal.

33. El hermano que más madrugare
a cortar la rosa del santo rosal
ganará la corona de flores
que María la bella haciéndole está.

34. ¡Oh! dichoso varón que tuviese
por tan grande dicha ser capellán
levántate a decir la misa
para los devotos que al rosario van.

35. Cuando sale el carro triunfante
los ángeles bellos se vieron mover
y las rosas de contento bailan
al ver tu rosario hermoso clavel.

36. San Francisco se perdió una tarde
y sus hijos gloriosos lo fueron a buscar
lo encontraron en el Paraíso
la rosa del Santo Rosal.

37. San Miguel Arcángel glorioso
que con valentía gran lucha libró
y al grito de ¡quien como Dios!
a Lucifer y a sus secuaces al infierno
arrojó.

PERSONAJES ILUSTRES

Manuel Galera.
Aquella mañana de mediados de febrero hacía mucho frío en la carretera, pero los ciclistas, apiñados, recorrían en pelotón la Vega Granadina. En el grupo se gastaban bromas los unos a los otros, sabían que éstas habrían de durar pocos minutos, ya que una vez pasado el pueblo de Pinos Puente se encontrarían repentinamente con la Cuesta de Velillos, y, en ese momento, todo el humor, todo la relajación quedaría atrás y deberían centrarse en la carrera.
Entre los hombres más simpáticos del pelotón estaba Manuel Galera, un corredor del equipo “Karpis”, del que decían que tenía un gran futuro. Pedaleaba tranquilo junto a su hermano Joaquín, de vez en cuando volvía la cabeza y gastaba una broma a algún compañero.
Manuel Galera había nacido 28 años antes en Baúl, un pueblo cercano a Baza. Pero por cuestiones de trabajo del padre tuvo la familia que trasladarse a Armilla. Iba a ser un paso difícil para los Galera, en España no marchaban las cosas muy bien y había que trabajar mucho para poder sacar adelante a una familia.
Los dos hermanos Galera, desde muy jóvenes, se interesaron siempre por el deporte y así, Manuel, en sus ratos, gustaba jugar en la era con los demás niños al fútbol. En aquellos años ficharon en el equipo de los alevines del Arenas del Armilla, la máxima ilusión de cualquier niño del pueblo.
También por aquellos años dejaron los estudios por necesidades familiares, y comenzaron a trabajar. Manolo —como lo conocían en el pueblo‑ se hizo dependiente en la tienda de Pepe Aragón, y además de atender al público, debía de salir por los pueblos a comprar algunos productos del campo. Para tal actividad disponía de una bicicleta con porta equipos en la que se le veía pedalear cargado de garbanzos o tomates. El chaval no podía imaginar entonces, mientras subía la cuesta del Suspiro del Moro camino de Dúrcal, que aquel era el mejor entrenamiento que podía darle a sus músculos para años posteriores. Manolo en aquellos días, tan sólo soñaba con el fútbol y con cumplir años para así jugar con los juveniles del Arenas.
Sus fantasías un día se hicieron realidad, jugando en el Arenas como juvenil. Fueron dos temporadas inolvidables para el muchacho.
Joaquín, mientras tanto, había comprado una bicicleta de carreras al "Cocheras", un mecánico del pueblo, y con ella nació la afición al ciclismo de los Galera. Fue Joaquín quien comenzó a correr en la bicicleta primeramente, así arrastró a su hermano que se encontraba indeciso entre el fútbol y el ciclismo.
En estos años de aficionado Manuel corrió en los equipos granadinos Semar y Adelay. Era un placer verle correr. Aquel genio que lo caracterizaba y que le hacía ganar casi todas las carreras provinciales, fue decisivo para que los grandes del ciclismo se fijaran en él y lo fichasen.
Es de este modo, como un día se encontró viviendo en Durango con su hermano Joaquín, que ya era profesional del equipo Kas. Para Manuel la carrera profesional de ciclista estaba a punto de comenzar. Aunque antes habría de volver a demostrar de nuevo en el Norte de España su valía como aficionado. Y lo logró ganando cinco derbis clásicos para el equipo Kas.
En 1966, último año para Galera como aficionado, la desgracia de una caída consumó la temporada muy pronto. Corrían la Vuelta a Oviedo, el piso de la carretera se encontraba terriblemente resbaladizo por el agua, al tomar una curva, en una bajada, Manuel cayó de la bicicleta con tan mala fortuna que se rompió una vértebra. Mientras tanto, su hermano Joaquín coronaba en primer puesto la subida a Rate.
El viaje de regreso a Armilla de aquel accidente hay que recordarlo, aunque tan sólo sea en el ámbito anecdótico, pues nos daremos cuenta de lo que han cambiado los medios y las formas para el deportista de elite. Se le trasladó en una furgoneta, sin más cama que un simple colchón en el suelo. Imaginemos haciendo el mismo viaje hoy día y en las mismas condiciones al último de los gregarios de un equipo de segunda fila. Imposible concebir.
En 1967 una vez repuesto de la lesión comienza a correr de una forma profesional en el mismo equipo Kas. En ese año triunfa en el Criterium de Guecho y queda segundo clasificado en el Gran Premio de Onil.
El equipo Fagor se fija en él, fichándolo para las dos siguientes temporadas. Es en Guatemala donde logra dar un respaldo definitivo a su carrera quedando victorioso en esa vuelta (1968) como amateur.
Desde ese momento todo fue en ascenso, corrió un Tour de Francia quedando en cuadragésimo séptimo lugar, una Vuelta a Cataluña, un Gran Premio de Valencia, Vuelta a Mallorca, un Giro de Italia en el que tuvo que abandonar por una lesión de rodilla, y dos Vueltas a España ocupando quinto lugar en la del año 1971.
Las bromas y el buen humor eran constantes en su vida, en el pueblo lo recuerdan sus amistades haciendo enfadar a los viejos mientras se jugaban una partida de dominó. Así era el Manuel Galera que pasaba destacado, junto a Gómez del Moral, por el pueblo de Priego de Córdoba en aquel 13 de febrero de 1972. La carretera estrecha y con muchas curvas, ambos corredores deseaban ser los primeros en aquella etapa. Para el veterano Gómez del Moral por que el fin de etapa era en su pueblo y sabía que el mejor regalo que debía hacer a sus paisanos era ganar la carrera, para Manuel Galera el día era importante por que si puntuaba en el Puerto del Mojón nadie podría ya quitarle el liderazgo de la Montaña en la Vuelta Andalucía.
La cuesta apareció tras una curva, la carretera se hizo aún más estrecha y sinuosa, al fondo en la lejanía se podía apreciar la meta volante y Manuel sintió mucha vida en su interior. Estaba seguro que lo lograría, respiró fuerte, si es que aún se podía respirar más, cambió de marcha y ésta no entró. Que fatalidad, pensó. Volvió a intentarlo y algo crujió inmovilizando repentinamente y de golpe la bicicleta. No tuvo tiempo para reaccionar y cayó de cabeza, dándose un enorme golpe en la sien que le resultaría fatal.



Joaquín Galera
Al escribir este libro he tenido momentos muy agradables y dichosos conforme he ido conociendo poco a poco la historia, las costumbres, la vida y los personajes de Armilla. Pero quizás lo más satisfactorio haya sido tratar a un hombre como Joaquín Galera. Definirlo en pocas palabras sería difícil, además, ¿ quienes mejor que los armillenses para calificarlo?. Voy a intentar en pocas líneas narrar la historia de este deportista que en sus días se codeó con los más grandes genios que haya dado el ciclismo, y que no fue uno de ellos por razones del destino.
A igual que su hermano Manuel, Joaquín también nació en el pueblecito de Baul, sólo que tres años antes, un 25 de marzo de 1940. Joaquín apenas recuerda aquellos primeros años de su infancia, sus primeras evocaciones se producen viviendo ya en Armilla, su pueblo.
Escribir de Galera, es escribir sobre el deporte. Desde sus años más infantiles ya le atraía todo lo relacionado con el deporte. Eran años muy distintos a los actuales, la práctica de cualquier ejercicio es casi fundamental en la vida cotidiana. En aquellos años en que Joaquín se iniciaba en el deporte tan sólo se podía acceder a éste mediante el fútbol, y a Joaquín le apasionaba. Sus primeros regates fueron en las eras del pueblo, con uno de aquellos balones de piel gruesa y rugosa típicos de la época. Pero Joaquín deseaba algo más y se esforzaba a diario con sus compañeros en perfeccionarse. Sabía que conseguiría que el "Mister" del Arenas de Armilla se fijase en él. Y no se equivocaba, pues a los pocos años jugaba como medio en el equipo principal.
También por aquellos años al igual que tantos adolescentes, tuvo que ponerse a trabajar para ayudar al padre a soportar la dureza de los tiempos. Su primer trabajo, que recuerda con un gran cariño, fue de hortelano en un campo de patatas, tenía tan solo doce años. Y me contaba Joaquín, en una de las muchas conversaciones que mantuve con él, que ganaba un duro, y no sabía precisarme si a la semana o al día.
Por aquellos años, descubrió que existía algo, aparte del fútbol, que le atraía terriblemente, eran las bicicletas de carrera. No recuerda cual fue la primera ocasión en que se fijó en alguna de ellas. Aunque supone que sería en algún noticiario del NODO en que vio ascender por las carreteras como si de un meteoro se tratase a Bahamonde, o quizás en alguna de las pocas carreras que se celebraban por aquel entonces en Granada. El hecho es que decidió comprarse una, pero era imposible con el dinero que percibía. Tendría que buscar un trabajo adicional, y lo encontró como repartidor de patatas en las tiendas.
Los que siguieron fueron unos meses sin descanso, en los que Joaquín no podía permitirse un momento de tranquilidad. La bicicleta costaba mucho dinero, y sobre todo muchos sacrificios.
<<‑‑Aquella primera bicicleta‑‑ me contaba Joaquín ‑‑ fue toda una Odisea, hube de comprarla pieza a pieza y luego ir armándola. No recuerdo los meses que tardé. Lo que sí recuerdo era cómo, al finalizar las jornadas de trabajo, me acercaba a la tienda y un día compraba los cambios, otro el manillar, y así poco a poco. >>
Una mañana de domingo comprobó que el esfuerzo había valido la pena, y que ya tenía aquella bicicleta fruto del sacrificio y la constancia.
Pedaleó hasta el límite de sus fuerzas, y pensaba mientras lo hacía que era tan veloz como el viento, en la carretera no había ciclista que lo pudiese alcanzar. Las cuestas apenas se notaban, y en las bajadas no rodaba, volaba. Su sueño era toda una realidad.
Le gustaba paladear aquellos entrenamientos que organizaba en sus días libres de bajada a Motril. Qué sensación la de recibir en su cuerpo la calidez de la temperatura de la costa, o la impresión a la vuelta de sentir el poder de sus piernas al subir aquellas pendientes inacabables.
Aquel año corrió por libre en sus carreras, tan sólo tenía el ánimo de sus vecinos, de sus amigos. Corrió una carrera en el Zaidín, la primera, y quedó tercer clasificado.
La ilusión era muy grande en el muchacho, no le importaba tener que levantarse de madrugada para entrenar, aunque después tuviese que ir a poner ladrillos y hacer cemento en la obra donde trabajaba. Meses atrás había dejado el trabajo de repartidor de patatas por el de albañil, pues le era más rentable. 
Participaba en todo, lo de menos era ganar, aunque casi siempre lo hacía. Entre las victorias que recuerda con más estima de aquella época es la Subida al Parque de Invierno. Quedó primero, y recibió un buen premio en dinero.
<<‑‑ Aunque trabajaba en la construcción ‑‑ me contaba‑‑ me era más rentable correr y entrenar. Pues nada más que con llegar en una carrera en los primeros puestos de la clasificación, me hacía ganar mas dinero que si hubiese estado trabajando toda la semana. De hecho, como albañil estaba ganando unas trescientas pesetas cada semana, y como corredor obtenía unas mil quinientas pesetas siempre que me colocara en una buena posición. >>
Se acercaba el momento de hacerse profesional, pero aún había que atar varios cabos. Entre ellos, consolidarse algo más como amateur, y para ello le era imprescindible poseer una buena "máquina". Pero una bicicleta para profesional costaba mucho dinero, y él no lo poseía. Antonio Almazán, un mecánico de bicicletas, trajo una de Barcelona y se la ofreció, era la que necesitaba y valía un dinero que no tenía. Por ello se dirigió al Presidente de la Federación de Ciclismo de Granada, Don Antonio Rodríguez, para que lo orientara en la forma de poderla conseguir. El buen Presidente que siempre estaba dispuesto a ayudar a cualquier ciclista le prestó el dinero, Joaquín recuerda este hecho con profunda emoción.
Es en 1.961 cuando Galera ficha en un equipo de profesionales, concretamente con el Kas. En este mismo equipo se encontraba también el corredor de Alhama de Granada, Gregorio Jiménez Quiles, ambos ya se conocían e hicieron una buena amistad. El sueño de Joaquín se había hecho realidad, ahora tan solo debería dar todo lo bueno que llevaba dentro de sí. Y en Joaquín era una labor fácil, pues siempre y a lo largo de toda su vida, ha entregado lo mejor de él para los demás.
Al siguiente año, de nuevo cambió la vida del corredor, esta vez era por el Servicio Militar. El destino fue Pamplona y la suerte estuvo de su parte. El ambiente del cuartel y los mandos lo apoyaron en todo lo que pudieron. Gracias al comandante y al teniente coronel, Joaquín pudo continuar con sus entrenamientos y no tuvo la necesidad de rechazar la oferta que le hizo el equipo Licor 43. Aunque en ese mismo año fichó además por Pinturas Ega de Vitoria.
<<‑‑ Tenía que trasladarme muy a menudo desde el Cuartel hasta Vigo para cobrar la nómina de ciclista. Eran muchos los kilómetros que hacía en la bicicleta para tal fin‑‑ nos cuenta Galera‑‑ pero valía la pena.>>
En aquella temporada Galera pudo correr su primera Vuelta a España, pero debido a un malentendido del jefe de equipo que pensó que no darían permiso a su corredor, lo reemplazó por dos ciclistas franceses.
Una vez finalizado el Servicio Militar, y hasta el día de su retirada fueron años de una gran actividad ciclista. Participó en todas las pruebas más importantes, incluido Giro y Tour, en esta prueba reina ganó una etapa. Pero las verdaderas proezas y victorias de Joaquín Galera transcurren en las subidas, era uno de los mejores escaladores de la época. En los periódicos han quedado buenos testimonios de aquellas escapadas, subiendo al Arrate, aquellas victorias en la Reineta, o aquellas emocionantes y sufridas escaladas al Naranco o a los Valles Mineros. Siempre se podía ver al armillense en primer lugar camino de la victoria.
En las subidas al Naranco logró batir el record que ostentaba el héroe de su infancia Bahamondes. Fue la subida más llena de emoción, angustia y sufrimiento que Galera podía imaginar. Conocía muy bien la superficie que había que correr, sabía perfectamente cuando debería atacar, pero también sentía el peso de la responsabilidad. En el primer kilómetro y medio escapó del grupo, faltaban tres largos kilómetros interminables, había que administrar bien las fuerzas para no sufrir ningún desfallecimiento. Consiguió llegar el primero a la cima, ahora tan sólo quedaban algo más de mil metros de bajada hasta la meta, era cuestión de meter la cabeza entre el manillar, y volar. Y voló y batió un record que hasta entonces había estado en poder del gran Bahamonde. Esas eran las gestas de Joaquín, gestas que se repetirían en distintas ocasiones, como en la que llegó pinchado a la meta tras recorrer cinco kilómetros con tan solo una rueda en buenas condiciones.
La carrera de Joaquín se interrumpió el día en que su hermano Manuel sufrió el accidente fatal. Tardó cerca de dos años en poder volver a montar una bicicleta, cuando lo hizo fue para promocionar algo tan hermoso como el memorial "Manuel Galera", que se corre todos los años en Armilla y ha llegado convertirse gracias al esfuerzo de este hombre en uno de los certámenes más conocidos a nivel nacional.
Pero no acaba la labor de Joaquín con esta obra, posteriormente crea y dirige una de las Peñas Ciclistas más conocidas de Granada,"Peña Ciclista Joaquín Galera", en la que se inician niños y muchachos amantes del deporte de las dos ruedas y que sueñan, al igual que un día lo hizo su maestro, en hacerse profesionales y correr las grandes vueltas.


GASTRONOMÍA

A continuación se detallan algunos de los platos que he podido encontrar después de mucho rebuscar entre vecinos, cocineros y "entendidos" del pueblo.
Toda costumbre de un lugar va acompañada de una cultura en el arte del buen comer y beber. Armilla no iba a ser diferente a los otros pueblos del mundo. Aunque puede suceder, que la mayoría de los armillenses no se hayan dado cuenta de que poseen esa una rica cultura gastronómica.
Una saber culinario que desarrollan en sus fiestas populares y días grandes sin darle la mayor importancia, pero que quizás para la persona que viene de fuera sea un hacer cultural o gastronómico que merece la pena apreciar.
Normalmente estos platos suelen ser de una gran sencillez en su preparación y condimentos. Son platos típicos de pueblo que encierran la base de la ciencia en esta ciencia.
Los platos populares de Armilla suelen ser los mismos que los de Granada, debido a la proximidad de ambas poblaciones. Espero que ese dato no influya en el ánimo del armillense que lea este libro pues la importancia de los lugares no se mide por el tamaño, si no por la ilusión, el amor y el orgullo de sentirse del lugar.

RABO DE TORO.
Una vez comprados los rabos de toro, a ser posible dos, se limpian de grasa y se parten en trozos para ponerlos en una olla.
A continuación, pelamos, cortamos muy finamente y freímos un kilo de cebollas en abundante aceite. Una vez sofritas las cebollas las añadimos a la olla con los rabos.
Picamos unos cuatro dientes de ajo, conjuntamente con cuatro tomates rallados y sin piel. Además, añadimos algo más de medio kilo de zanahorias cortadas en trozos, así como la misma cantidad de guisantes desgranados. No se nos debe olvidar poner pimienta, azafrán y un poco de sal.
Ponemos la olla al fuego y rehogamos el conjunto durante unos quince minutos, removiéndolo de vez en cuando para que no se nos peguen los ingredientes.
Añadimos medio litro de vino, de Montilla, y tapamos la olla. Dejamos que hierva el guiso a fuego lento durante unas dos horas aproximadamente hasta que veamos que los rabos estén tiernos.
Una vez cocido, dejar reposar otras dos horas. Pasado este tiempo freímos unas patatas en trozos y se las añadimos a la olla. Calentamos al fuego lento y servimos.
Es un plato para tomar entre cuatro personas.

TORTILLA DEL SACROMONTE.
Esta receta está pensada para que la compartan seis personas. Lo primero que hemos de hacer es preparar una olla con agua, no mucha, y sal. Añadimos al recipiente los sesos de dos corderos y las criadillas de uno de ellos. Los dejamos cocer durante cinco minutos.
Una vez apartados les quitamos la piel y los freímos ligeramente en aceite. Dejamos que se enfríen y cortamos todo en trozos pequeños.
En la misma sartén, y con el mismo aceite, freímos un pimiento morrón (de lata) que anteriormente habremos cortado a trocitos y un par de puñados de guisantes, previamente cocidos.
Añadimos los sesos y la criadilla y dejamos que se rehogue todo junto unos minutos.
Ha llegado el momento de batir los seis huevos, uno por persona, y sazonarlos, para así poderlos mezclar con el resto de los ingredientes.
En otra sartén, algo mayor, ponemos un poco del aceite caliente del que haya sobrado anteriormente, y hacemos la tortilla. Debe quedar dorada por fuera y jugosa por dentro.

HABAS CON JAMON.
Debemos procurar que algún amigo nos regale unos cinco kilos de habas. Aunque nosotros tengamos que pelarlas.
En una cazuela con aceite, rehogamos unos ciento cincuenta gramos de jamón serrano cortado en trozos pequeños. Una vez en su punto, lo apartamos. Y en su lugar agregamos una cebolla pelada y picada, un par de dientes de ajos partidos en trocitos y las habas.
Lo cocemos al fuego lento hasta que las habas estén tiernas, unos treinta minutos. Cuando veamos que se aproxima el final de la cocción añadimos una poca de sal y el jamón rehogado. Listo para servir y comer.

martes, 30 de septiembre de 2014

FIESTAS POPULARES Y PATRONES

San Isidro Labrador

Entre la primera y segunda quincena del mes de mayo de cada año se celebran en Armilla unas fiestas en conmemoración a uno de sus patronos. Son las populares Fiestas de San Isidro Labrador. En estos días, todos los armillenses parecen estar impacientes por la aproximación de la festividad. Van a ser unas jornadas de tranquilidad y jolgorio.
Pero es el día quince, al amanecer, cuando el pueblo se viste de gala. Es la hora de asistir a la procesión del Rosario de la Aurora, acto religioso que desde hace más de dos siglos llevan a cabo los labradores, pero que año tras año se ha ido haciendo más popular, y al que asisten gentes de todas las condiciones y profesiones.
La procesión del Rosario de la Aurora data de tiempos muy antiguos en la cultura católica. Era una procesión en honor a la Virgen y se celebraba todos los domingos a la hora del alba, en que salía de la iglesia recorriendo las calles, mientras cantaban los concurrentes el Santo Rosario. En la actualidad se ha dejado de celebrar con tal asiduidad, aunque existen algunas poblaciones, como es Armilla, que aún la recuerdan en fechas importantes.
Es peculiar poder observar a los armillenses, en las postrimerías de la noche recorrer calle por calle el pueblo, mientras unos van levantando a otros a los sones de unas campanillas para así llegar en una comitiva de algo mas de tres mil personas a la casa parroquial para despertar, a la salida del Sol, al cura; pues ha llegado el momento de recorrer en procesión los diferentes puntos del pueblo cantando alguna que otra coplilla de no se sabe qué siglo.
San Isidro Labrador es el patrón de los agricultores. Armilla fue hasta hace muy pocos años uno de los municipios mejor cultivados y ricos de la Vega. Hoy día debido a la proximidad con Granada y a su industrialización ha tomado otros derroteros, pero no por ello ha dejado a un lado su cultura, que es agrícola.
Fue en el Siglo XVIII cuando los armillenses instauran como patrón, en muestra de gratitud, a San Isidro.
San Isidro Labrador nació a finales del Siglo XI en Madrid, era hijo de una familia muy humilde de jornaleros. Contrajo matrimonio con María de Toribia, venerada hoy en España como Santa María de la Cabeza. Ambos llevaron una vida sencilla y de ayuda a los demás, sobre todo a los necesitados. De esa época se le atribuyen diferentes milagros. Entre ellos el de salvar a su hijo de las profundidades de un pozo al que había caído.
San Isidro fundó en la parroquia de San Andrés de Madrid la cofradía del Santísimo Sacramento. Sus restos descansan en la Catedral que lleva su nombre. En la actualidad se le venera en muchas ciudades y pueblos de España de los que es patrón.



San Miguel Arcángel

El conocer la historia de los pueblos hace que comprendamos a su vez sus crónicas, sus relatos, sus costumbres, sus gentes, su cultura y sus creencias. Por ello no debe extrañarnos que San Miguel Arcángel sea el patrón de Armilla.
Tras la ocupación del pueblo de Armilla por los cristianos después de la Reconquista, los armillenses al igual que otros muchos pueblos de España, decidieron venerar a un santo que tuviese el poder de simbolizar la lucha contra la herejía, y ¿quién mejor para ello que el Príncipe de los Ángeles?.
Los primeros conocimientos que tenemos de San Miguel se remontan a las Sagradas Escrituras y ya en ellas es el Príncipe protector de los hebreos. Después de la venida de Cristo a la Tierra, la Iglesia Católica lo considera también como su protector. Es por ello que en España tras la instauración de la Monarquía Católica en el Siglo XV muchos pueblos y ciudades lo tomaran como Ángel Bienhechor y Patrón.
La imagen de San Miguel está representada habitualmente en forma de ángel guerrero, vestido con todas las armas y en actitud de pisar al dragón infernal, mientras que con una lanza lo atraviesa.
En el caso de la talla del templo que lleva su nombre en Armilla, podemos verlo en tal circunstancia, sólo con la diferencia de que Satán se encuentra sometido y encadenado al Ángel.


domingo, 28 de septiembre de 2014

MONUMENTOS Y EDIFICIOS

Institución Ferial Armilla‑Granada (IFAGRA)

El recinto de la Feria de Muestras se encuentra situado, en las dependencias de la antigua fábrica de azúcar de Santa Juliana, justo en el límite de los términos municipales de Armilla y Granada.
Su historia data de 1976, en que un grupo de empresarios de Armilla en colaboración con el Ayuntamiento tuvieron la brillante idea de promocionar y mostrar los quehaceres del pueblo aprovechando las fiestas patronales. Para ello, adaptaron una de las naves de la antigua fábrica de azúcar. El resultado no pudo ser más brillante, y los 500 metros cuadrados iniciales se transformaron en 60.000 metros cuadrados, que acomodan tres magníficos pabellones. Dando cabida a uno de los recintos feriales más importantes de España.
El Ayuntamiento de Armilla, viendo el potencial económico que el lugar encerraba, junto con que la Feria en cada ocasión se iba haciendo más conocida y rentable, y que el número de empresas que deseaban exponer sus “stands” se multiplicaba cada año, decidió realizar la compra total de las instalaciones durante 1983.
Los precursores se dieron cuenta que el volumen que tomaba la Feria se escapaba de su gestión. Ahora, ya no era la pequeña Feria de Muestras del pueblo de Armilla, ésta se había convertido en un gigante al que no eran capaces de controlar. Fue en esos momentos cuando entraron a formar parte del patronato la Diputación de Provincial de Granada, la Junta de Andalucía, la Cámara de Industria y Comercio de Granada, y los respectivos Ayuntamientos de Armilla y Granada. Se había creado la Fundación de IFAGRA (Institución Ferial Armilla‑Granada), corría 1986. La Feria de Muestras había dejado de ser un acontecimiento provincial, para convertirse en una de las Ferias con mayor proyección de nuestro país.
Entre los certámenes más consolidados anualmente podemos contar con el de BELMODA, Feria Andaluza de la Moda, con sus dos versiones de primavera y otoño; SALACONST, Feria de la Construcción, que cada dos años nos muestra una jornadas llenas de interés y avances técnicos; JUVEANDALUS, una exposición educativa y de diversión para jóvenes.
En IFAGRA es una constante todo tipo de exposiciones, un día se puede ver un certamen del automóvil (MUNDOMOTOR), y al siguiente una exposición canina, filatélica o de alimentación (ALIMEXPO)
Entre los tres pabellones de IFAGRA se puede dar cabida a unas 5.000 personas aproximadamente, que pueden disfrutar de todos los servicios de climatización, iluminación y megafonía permanentemente instalados en el recinto ferial.



El Hogar del Pensionista, la Biblioteca Pública Municipal y la Casa de la Cultura y del Deporte

En 1984 el Ayuntamiento de Armilla decide aprovechar unos terrenos que tenía, ubicados en la Plaza de la Constitución, para la construcción de un edificio que diera cabida a los distintos estamentos que dan nombre al capítulo. Para ello contrataría los servicios técnicos del arquitecto don Manuel Leyva Romero que rápidamente comenzó a realizar un proyecto.
El Sr. Leyva especuló que el diseño que iba a llevar a cabo debería de ir en consonancia con la cultura y los gustos del pueblo, conviniendo crear una edificación con un estilo propio y singular, pero que a su vez derivara de la arquitectura granadina con reminiscencias árabes. Se debería conseguir que el edificio una vez finalizado no desentonara con los de su entorno.
Es en 1986 cuando se finalizaron las obras. Y en el recuerdo de los armillenses quedarían las antiguas eras empedradas, donde año tras año los labradores aventaban las mieses, mientras sus mujeres ponían a secar, en los espacios libres, aquellas sábanas blancas que con anterioridad habían sido lavadas en el antiguo pilar.
El esfuerzo del Ayuntamiento valió la pena. Se había erigido una edificación, plenamente satisfactoria, en función de las necesidades del pueblo y acorde con la cultura arquitectónica andaluza.
Si accedemos al edificio por su puerta principal, observaremos, nada mas subir, el bello patio andaluz que sirve de centro medular y nexo para la entrada a los diferentes centros que componen la obra. Es agradable y curioso el lugar, pues en él se aprecian una gran interrelación de personas, a la vez que un estar muy acorde con nuestra idiosincrasia andaluza. La obra está acabada con un refinado gusto típico de arquitectura granadina de tiempos pasados, montando azulejos arabescos en el zócalo, junto con las piedras traídas de Sierra Elvira para la solería y columnas, además de los motivos realizados con guijarros que se pueden percibir junto a la fuente central.
Desde el patio podemos llegar a la Biblioteca, que está situada en el extremo derecho del edificio, hacia la calle Real. Es el lugar más resguardado y tranquilo de la edificación, con dos plantas, una de ellas en semisótano dando cabida a gran cantidad de obras literarias de excelente calidad. Esta biblioteca está reconocida como una de las más completas que existen a nivel provincial.
En el otro extremo del patio se halla situada la cafetería, unos salones para la tercera edad y el Hogar del Pensionista.
En la segunda planta, a la que hay que acceder por las escaleras principales, que se encuentran junto a la entrada, nos encontraremos con la Casa de la Cultura y del Deporte, el Salón de Actos y algunas dependencias de menor relevancia. Para recorrer esta planta habremos de bordear el patio de luz, que desde esta perspectiva realza la belleza interior del edificio. Es así, como llegaremos a un pasillo lateral que da acceso a las escaleras que nos conducirán a la torreta situada en la esquina del inmueble entre la Carretera Nacional y la Plaza de la Constitución.



Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario

En el centro del pueblo, junto al Ayuntamiento y en la misma Plaza de la Constitución, se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario. Es un templo joven y sin apenas historia, su construcción data de 1989.
El exterior del edificio puede pasar inadvertido para nuestros ojos si no le prestamos cierta atención, pues el conjunto que rodea el entorno se presta a ello, al ser todos los edificios de muy reciente construcción. Aunque si nos sentamos en alguno de los bancos que hay instalados en la plaza y nos fijamos con detalle en la Iglesia, podremos entonces darnos cuenta que hay belleza en su estructura y en sus líneas.
Son perfiles que conforman un vasto paralepípedo de estructura cúbica o trapezoidal, según el ángulo desde el que la observemos. Pero quizás el punto más destacable sea la torre situada en la fachada principal, rematada, en la cúspide, por una sencilla cruz de regular dimensión.
El interior del templo es de una sencillez extrema, aunque no por ello deja de tener un gran encanto y sobre todo una belleza fresca y renovada. Los bancos bien alineados y espaciados, sobre una solería de gres de Castilla y el techo de madera formado por placas relaminadas sobre rastreles, invitan al recogimiento y la oración.
Accediendo desde la entrada principal por una puerta, y tras subir una escalera podremos ver el coro, y darnos cuenta desde esta perspectiva de las singulares y extravagantes lámparas que cuelgan del techo. Si recorremos el pasillo lateral de esta planta, observaremos en el altar las dos imágenes que regentan el templo: un Cristo crucificado del tallista Sánchez Mesa y una imagen de Nuestra Señora del Rosario a la que se le profesa una enorme devoción y amor en el pueblo.
Esta obra, del arquitecto Sr. Álvarez Puerto, me impresiona conforme la voy descubriendo. Las instalaciones complementarias han sido pensadas y diseñadas teniendo en cuenta los tiempos actuales y sobre todo a la juventud. Así podemos descubrir en el semisótano, un salón de actos con la misma capacidad que la propia nave principal, o bien una sala audiovisual. Sin olvidar la pequeña biblioteca en la que se pretende que los jóvenes tomen conciencia de hermandad y grupo.
Para finalizar mencionaré un detalle con encanto. En la torre no existe un reloj que marque las horas, ya que lo tiene el Ayuntamiento que se encuentra situado a unos metros, pero sí tiene esta flamante atalaya unas campanas electrónicas sincronizadas con el reloj del edificio municipal.



Las Tres Cruces

Más que un monumento, las Tres Cruces, son una leyenda en Armilla. No existe ningún dato sobre ellas que se pueda saber. Son como tres fantasmas que aparecieron en la noche de los tiempos y decidieron quedarse en el lugar más privilegiado del pueblo. Cuando desistes de seguir investigando sobre ellas y te das por vencido por la inexistencia en los archivos de algún documento que por lo menos las mencione, decides preguntar a los mas ancianos del lugar, y todos te contestan de la misma forma.
‑Las Tres Cruces están ahí desde muy antiguo. Siempre las conocimos...
Siempre las conocieron y sin embargo otros vecinos más jóvenes dicen que son monumento a la Victoria de los Nacionales. No tiene lógica, ya que se recordaría perfectamente su construcción.
Lo paradójico es que las Tres Cruces pertenecen al Arzobispado y no al Ayuntamiento. Aunque, que más da a quienes pertenezcan, ellas son del afecto y la devoción de todo un pueblo que las venera día a día con su oración.
Cuentan también de la Cruz, en la que Cristo está crucificado, que en la antigüedad sus pies no se encontraban separados, como hoy los podemos apreciar, sino juntos y uno encima del otro y atravesados por un clavo. Pero, que en la guerra hizo un milagro, y desde entonces tomó la escultura la nueva forma que todos conocemos. Es curioso que muchos vecinos mayores conocen la historia y la creen, pero no recuerdan haber visto a Cristo con los pies juntos y atravesados por un clavo.



Base Aérea de Armilla

Hemos de remontarnos a principio de Siglo, concretamente a 1911, para encontrar el nacimiento de la primera raíz de la Base Aérea. Acontecimiento que aconteció en los Llanos de Armilla, en lo que era el antiguo Hipódromo de Granada. Hubo por aquellas fechas una fiesta de aviación y se supone que en los Llanos aterrizaron varios aeroplanos ante el clamor de las gentes, aquel hecho despertaría la inquietud de algunos de los presentes.
Pero el detonante originario, lo prendió Carlos Greco, un aviador procedente de Málaga, que exhibió magníficamente su arte de pilotar en una tarde de abril de 1921. Fue todo un acontecimiento en Granada, y los Llanos de Armilla se vieron con una afluencia de público formidable para presenciar el espectáculo, que según cuentan valió la pena. Sobre todo, a la hora de recrearse en las evoluciones del aeroplano dando vueltas de campana y al mono "Perico" arrojándose en paracaídas. Aquello fue algo inusual en el mundo en que se vivía.
A raíz del evento, un grupo de amigos sintió la necesidad de hacer algo puntual por la aviación en Granada, y proyectaron la construcción en un futuro de un Aeródromo en los Llanos de Armilla, para que la afición granadina pudiera tener ocasión de aprender a volar o realizar vuelos de placer. Era una buena idea inicial, en la que se venderían acciones a todas las personas que lo desearan.
Tal iniciativa nunca llegaría a convertirse en una realidad, pues mientras tanto una serie de sucesos ocurren apresuradamente. Ya que un grupo de técnicos del Ministerio de la Guerra visitan los Llanos, llegando al acuerdo de que Armilla reunía excelentes condiciones para establecer un campo permanente de vuelo y una base insustituible. El lugar era perfecto, cerca del Estrecho, a media hora de África, a poca distancia de las bases navales de San Fernando y de Cartagena y resguardada de los vientos y tempestades por Sierra Nevada. Sus condiciones estratégicas eran admirables, asimismo la extensión de superficie era considerable. Todos estos factores inducían a pensar que el Aeródromo de Armilla pudiera ser uno de los mejores de España.
El alcalde de Granada tras la serie de acontecimientos sucedidos, tomó cartas en el asunto, interesándose para que la gestión realizada no cayera en el olvido, ofreciendo al Ministerio de la Guerra una serie de terrenos donados por un particular.
La respuesta no pudo ser más rápida y en octubre llegaron una serie de aparatos con el equipo humano y material adecuado para comenzar los trabajos de instalación de los hangares. En menos de un mes los barracones básicos habían sido levantados, en espera de la llegada de los primeros aeroplanos.
Habrá que esperar a junio de 1922 para que se inaugure definitivamente la Base Aérea de Armilla. Había valido la pena el esfuerzo, y sobre todo la constancia de tantas personas públicas y privadas sin las cuales nunca se hubiera realizado el proyecto.
El primer Comandante en Jefe fue el granadino Luis Dávila, sin cuya voluntad, perseverancia y tenacidad todo hubiese sido más complejo.
Ya, en 1955 la Base incorporó una nueva actividad a sus disciplinas con la creación de la Escuela Elemental de Pilotos. Desde el cielo azul granadino era fácil, en aquellos años, poder contemplar las acrobacias y el volar magnífico de aquellas escuadrillas de biplanos grisáceos, llamados “Bucker”, que tan insustituibles servicios prestaron durante generaciones a las Fuerzas Aéreas Españolas.
En 1974, tras el traslado de la Escuela Elemental, se creó en Armilla el Centro de Selección de la Academia General del Aire. Iba a ser el primer contacto con el Ejército y con el vuelo de algunas promociones de futuros oficiales del aire.
Una vez absorbido el Centro, por la Academia General del Aire en 1980, se establece el Ala de Enseñanza de la Escuela de Pilotos y Mecánicos de helicópteros. Tan popular en Armilla en la actualidad por sus vuelos diurnos y nocturnos.



Iglesia de San Miguel Arcángel

Tras la Reconquista de Granada por los Reyes Católicos, una serie de nuevos repobladores irrumpieron la villa de Armilla. Eran todos en su mayoría campesinos provenientes de Castilla y Aragón. Se instalaron en el lugar para ocuupar las casas y los campos despojados a gran parte de los musulmanes que no acataron las Capitulaciones impuestas por los cristianos. Mientras tanto, un nuevo estamento social había surgido en las zonas conquistadas, eran los llamados mudéjares. Los mudéjares, en los primeros años tras la Reconquista fueron respetados en costumbres y tradiciones. Pero ello era tan sólo una forma política de integración, ya que se les iba despojando de todo posible contacto con el pasado. Se destruía cuanto podía serviles de aliento espiritual, muy en especial los libros y mezquitas. Finalmente, se optó por la deportación a todos aquellos que no quisieran convertirse a la fe cristiana.
Entre los mudéjares granadinos del Siglo XVI, había artesanos que desarrollaban su actividad de acuerdo con las tradiciones estéticas y religiosas hispanomusulmanas. A ellos se les responsabiliza de la edificación de numerosos monumentos e Iglesias en la provincia de Granada, tal es el caso de la que nos ocupa.
La Iglesia de San Miguel Arcángel se halla situada, en las cercanías del antiguo y ya desaparecido “aljibe”. Es una obra sencilla y simple, debemos pensar que su edificación no contaría con los medios económicos más adecuados, ya que Armilla en el Siglo XVI era tan solo una pequeña aldea muy próxima a Granada.
Sin embargo, conforme atravesamos la cancela de entrada al patio que accede al templo. Nos daremos cuenta que la simplicidad de las formas encierra un fervoroso sabor.
La Parroquia de San Miguel Arcángel dispone de dos puertas de acceso. Una principal que usualmente se halla cerrada, y otra lateral a la que se llega por el patio. Una vez dentro del recinto, el primer detalle que se puede apreciar es el de una bella imagen de la Purísima presidiendo el altar, que contrasta en demasía con el entorno grisáceo del resto de la nave. Si nos acercamos al altar contemplaremos a las imágenes de los Santos Patronos del pueblo colocados a derecha e izquierda de la Virgen. Es el momento de volver nuestra mirada y apreciar las seis capillas laterales que circundan el templo.
Una vez de nuevo en el exterior nos fijaremos en el campanario, y nos percataremos la transformación que experimentó el torreón en 1931. Al elevarse unos metros de su altura original, para que las campanas pudieran ser más audibles en la distancia.



El Discóbolo

A finales de los años sesenta toda España se encontraba envuelta en una especie de transformación industrial. Afortunadamente habían comenzado a quedar en el recuerdo los años de penurias y hambre frutos de la Guerra Civil. Era el momento en que las mediana y pequeña empresa surgían de la nada con una fuerza exorbitante, los empresarios que tomaron la iniciativa no estaban muy cualificados, no habían tenido la oportunidad, ni los medios para instruirse. Aunque ello es suplido por una fuerte voluntad y un afán de instruirse encomiable.
Armilla debido a la buena situación en que se encontraba en relación con Granada capital, era una de las poblaciones con mayor proyección en ese futuro. Y surgen en ella los elementos indicados para la creación de un sinnúmero de pequeñas industrias. Entre los industriales que más impulsaron la creatividad y la industria, se hallaba Alberto Rodríguez.
Alberto Rodríguez, el Discóbolo de Armilla y el final de los años sesenta se encuentran muy interrelacionados. Pues la escultura es el fruto de una época, en la que Alberto siente la fuerza de su propia madurez empresarial y humana. El Discóbolo de Armilla es el reflejo de todo el proceso que el creador posee.
La obra no pretende ser una imitación del conocido Discóbolo de Mirón, sino el homenaje al afán de la laboriosidad de un pueblo.
Para analizarla deberemos fraccionarla en tres segmentos definidos: el arado, la rueda dentada y la figura humana. Todas ellos forman un conjunto del que podemos deducir el talante agrícola, industrial y deportivo de Armilla.
El arado encarna a la Armilla agrícola de todos los tiempos, es un arado primitivo, de la era romana, vestigio de una civilización de dos mil años de antigüedad que ya labraba los mismos campos que en la actualidad cultivan los armillenses. La rueda dentada, símbolo de un futuro que es la realidad de la Armilla que todos conocemos y que es lanzada por un deportista al vacío del porvenir. Por último, la representación del propio atleta, complemento del trabajo de la humanidad en la civilización actual.
Estas tres alegorías sintetizan el eslogan por el que es conocida en la actualidad este pueblo: Armilla industrial, agrícola y deportiva.



El INEM, Correos y el Juzgado

En uno de los lugares más bellos de Armilla, la Plaza de la Constitución, se construyó a mediados de los años ochenta uno de los edificios más exquisitos del pueblo. En él se iba a dar cabida a tres de los estamentos más preponderantes que la administración detenta: Correos, el INEM y el Juzgado.
Las formas del inmueble son limpias, claras y rectilíneas, imitando a las antiguas casas palaciegas andaluzas. Aunque, si atravesamos cada una de las cuatro bellas puertas de pino de oregón que posee, podremos observar las diferencias existentes. Las dependencias, completamente autónomas unas de las otras, disfrutan de unos medios avanzados para la mayor comodidad de funcionarios y empleados, lo que facilita el trabajo y la atención que el público precisa.
Volviendo de nuevo a la Plaza, recorreremos lentamente los aledaños de la fachada. La observaremos con atención, fijándonos en la simetría de sus ventanales, la blancura de la portada, y sobre todo en el juego que proporciona al entorno. Por último nos fijaremos en las dos torretas extremas, de apariencia similar a la que hay en la Casa de la Cultura. Si tenemos la oportunidad de poder subir a la situada en el edificio de Correos, divisaremos con todo detalle en la lejanía Granada y Sierra Nevada en el fondo de un horizonte muy característico para los armillenses, pero sin igual en el resto del mundo.

DATOS HISTORICOS, EXTENSION Y SITUACION

A Encarna



Muy cerca del municipio de Granada, a tan sólo tres kilómetros de distancia, se encuentra la población de Armilla. Si tomamos la antigua carretera de Bailén‑Motril llegaremos, si la circulación nos lo permite, en poco minutos, al pueblo. El término municipal de Armilla se halla enclavado en el llamado cinturón de la Vega Alta de Granada, en la llanura izquierda del río Genil. Es de una extensión superficial de algo más de cuatro kilómetros cuadrados (4.237) y su orografía es totalmente llana, encontrándose a una altura media sobre el nivel del mar de 663 metros.
Las fuentes históricas de Armilla son oscuras y poco precisas. Sabemos que ya existía como villa antes de la ocupación romana. Aunque, los primeros vestigios que poseemos son árabes. El significado etimológico de la palabra Armilla procede del latín y su traducción al castellano es "brazalete o pulsera". Nos relataba Tito Livio que la armilla era una distinción que se les hacía a los soldados romanos como recompensa. Tal costumbre la heredó este pueblo de los sabinos, y se podía conceder las veces que hiciera falta siempre que estos hubieron realizado una hazaña que lo dispusiera. La armilla era la condecoración que caracterizaba habitualmente a la tropa, es decir, a los centuriones, suboficiales y soldados. Las clases sociales superiores y los oficiales eran recompensados con otra distinción, la cornícula.
El término municipal de Armilla limita al Norte y al Este con el término municipal de Granada, al Sur con el municipio de Alhendín, al Oeste con el término municipal de Churriana de la Vega y al Suroeste con el término municipal de los Ogíjares. En los dos extremos del pueblo podemos encontrar dos Polígonos Industriales, uno de ellos situado en la parte Norte y el otro en la parte Sur.
Armilla es una de las poblaciones de la provincia de Granada que más transformaciones a nivel industrial ha tenido en los últimos años, esto es positivo y se debe sobre todo a la gran capacidad de reforma existente en sus gentes. Además la cercanía de Granada ha incidido en que muchos negocios instalen sus industrias o almacenes en los polígonos anteriormente mencionados. Como consecuencia, la mayoría de los vecinos del pueblo, que hasta hace una década, eran agricultores, actualmente son artesanos o industriales. La industria que más caracteriza al pueblo es la de la construcción e inmobiliaria. En Armilla la construcción aumenta día a día. En torno a la población se edifican casas unifamiliares, aprovechando unas ventajas que no se encontrarían en Granada, tales como un suelo más económico, la posibilidad de poder disfrutar de zonas verdes, la ausencia de ruidos y la facilidad de comunicación con la capital.
Por estos motivos la agricultura ha pasado a ser una fuente de riqueza secundaria. De todas formas, aún existen zonas de cultivo que, por desgracia para el pueblo, están muy parceladas, siendo esto una gran desventaja a la hora de comercializar los productos.
El fenómeno más espectacular acaecido en Armilla, es el incremento de población que ha tenido en los últimos años. Mientras otras localidades vecinas han ido con los años perdiendo o manteniendo simplemente el vecindario, Armilla ha cuadriplicado sus habitantes. La tasa de población actual oscila alrededor de los catorce mil habitantes. Muchas familias granadinas buscaron algo tan fundamental para la vida actual, como la calidad de vida. En Armilla es fácil conseguirlo, pues se puede disfrutar de todas las ventajas que un pueblo nos depara y tener la ciudad al lado.
De la historia de Armilla anterior y posterior al Imperio Romano se desconoce casi todo. Existe la creencia que pudo ser una villa de escasa población y que se forjaría por la necesidad de tener los dominadores zonas para las concentraciones de tipo militar, similares a las halladas cerca de Pinos Puente e Íllora, así lo atestiguan los hallazgos de inscripciones ilurconenses. Pero también los musulmanes legaron un rastro importante a Armilla que, siglos posteriores, perfeccionarían al máximo: las acequias, los trazados de riego más revolucionarios de aquellos tiempos, aún vigentes en la actualidad de la Vega de Granada. 
La verdadera historia de Armilla comienza a conocerse en la época de dominación árabe. Es en esta etapa cuando el municipio comienza a florecer económicamente. Con la venida de los sarracenos llega la cultura a la Península Ibérica. Armillat al‑Aflum o Armilla del Río, que fue la denominación del pueblo, durante los ochocientos años de califato, tiene un papel destacado dentro del Reino de Granada. Sirviendo de paso de mercaderes hacia la costa, y, sobre todo, al ser una zona muy rica en cultivos, ya que la buena tierra de labor y regadío hace que germinen frutos de una calidad superior para el tiempo.
Los armillenses de aquellos años supieron aprovechar las largas etapas de paz y sacarle al lugar los máximos rendimientos. Fue en ese período cuando surgió la conocida industria de la seda. Andalucía fue la primera región en Europa donde prosperó la sericultura. En los Siglos XI, XII y XIII el Reino de Granada surtía a los cristianos de todos los enseres que de la seda se derivaban. Pero es en las postrimerías del califato, a finales del Siglo XV, cuando la seda toma un gran desarrollo, denominándose como “la industria del velo”.
Mientras los artesanos armillenses tejían primorosamente sus sedas, algo muy importante se estaba fraguando en las fronteras del Reino. Había llegado la gran máquina militar castellana, que ya nada ni nadie podía detener en las inmediaciones del tan deseado Reino de Granada. Las huestes cristianas van destruyendo y arrasando a su paso todo lo que impide la reconquista. Los campos de Moclín y sus cosechas son desmantelados. Los árboles se talan indiscriminadamente. Los castellanos van sembrando las ricas vegas granadinas de pobreza, angustia, suciedad, fuego y muerte. Es la otra cara de la civilización que pocos años más tarde descubriría el Nuevo Mundo.
Todos estos acontecimientos influirían muy negativamente en Armilla. En las cercanías los ataques son constantes entre ambas facciones. Los cristianos desean apoderarse a cualquier coste de la torre de Alhendín, consiguiéndolo tras una encarnizada acometida. En la retirada los musulmanes fueron perseguidos ferozmente por los Llanos de Armilla. Los campos fértiles se siembran de cadáveres regados por sus propias sangres. Son días difíciles para el Reino de Granada y para su rey nazarí Muhammad XI, Boabdil.
La Reconquista va tocando a su fin, los Reyes Católicos deciden acelerar el proceso poniendo cerco a Granada, en el que entró a formar parte por su proximidad, la villa de Armilla. Fueron días difíciles para la zona. El hambre apresuró la evolución de los tristes acontecimientos para el pueblo nazarí que, como resultado, concedió la Capitulación de la ciudad. Era un 25 de noviembre de 1491. Los Reyes Católicos ofrecerían salvoconductos de salida, tanto a la familia Real Nazarí como a los ciudadanos que lo deseasen.
Una vez sofocado el tumulto, a que dio lugar la noticia de la entrega de la ciudad a los cristianos, Boabdil desalojó la Alhambra y se encaminó al encuentro del Rey Católico. En las proximidades de Armilla ambos monarcas coincidieron, el Rey Muhammad XI entregó con dignidad y humildad las llaves de la ciudad a don Fernando, diciéndole:
-Gozad Majestad, muchos años del mejor Reino del mundo, es la voluntad de Dios. Espero que os traiga más venturas que a mí.
Corría un 2 de Enero de 1492. Ya finalizado el triste acto, Boabdil continuó hacia Armilla, donde se encontraba la Reina Isabel. Se reunieron en el pueblo ambas realezas, y en acto la Reina Católica entrega a Zoraya, esposa de Boabdil, al hijo prisionero que retenía como rehén.
En este día finalizaron para los armillenses ochocientos años de su mejor historia y cultura. Como único vestigio de la estancia árabe tan sólo queda en el pueblo un “Aljibe”, situado junto a la Iglesia de San Miguel Arcángel, pero, debido a los tiempos de gran urbanismo que impera, ha sido tapado al construirse un bloque de edificios, me contaba un anciano del pueblo que llegó a conocerlo.
‑Los viejos del lugar ‑me dijo‑ lo recordamos perfectamente. A él iban a recoger agua las mujeres de las familias más humildes. Era un agua que venía de la Acequia Gorda. En aquellos tiempos aún no se encontraba contaminada, como la de hoy día...
Tras la expulsión de la corte nazarí, pocos fueron los armillenses que decidieron abandonar sus tierras, las capitulaciones habían sido muy favorables. Existía una cláusula para los vecinos en la que constaba que podían mantener sus bienes y sus tierras, con una única imposición a la hora de vender. Era una forma indirecta, de beneficiar a la Corona Católica pues los cristianos en su mayoría eran muy buenos guerreros pero malos trabajadores. No porque no deseasen serlo, si no por que nunca habían tenido ocasión. Los árabes habitantes de Armilla respiraron tranquilidad, emprendiendo de nuevo sus actividades de tipo industrial y agrícola.
Los años que acontecieron tras la nueva etapa, fueron tristes y difíciles para estas familias de artesanos y labradores. La sociedad cristiana no deseaba bajo ningún concepto la integración con sus nuevos vecinos. Además, se decretó que habían de dejar de hablar el árabe y hacerse cristianos, una nueva forma de incomodarlos. Por ello, muchos de ellos decidieron huir hacia la Alpujarra. Otros terminarían acatando aparentemente la religión y la lengua, serían los llamados moriscos.
Es durante el Reinado de Felipe II cuando los moriscos de la Alpujarra decidirían levantarse e intentar romper el terrible yugo a que estaban sujetos. El poder de los castellanos era muy fuerte y llegarían a masacrarlos hasta el exterminio. Llegando a originarse situaciones de autentica barbarie entre dos pueblos que deberían haber sido hermanos y en cambio se convirtieron en rivales intransigentes.
Para los moriscos de Armilla, las consecuencias se harían notar muy rápidamente. La expoliación y la expulsión se decretó, aunque ellos eran moriscos pacíficos. Pero es que Felipe II no deseaba correr riesgos y era preciso alejar el peligro a un nuevo levantamiento.
A raíz de estos hechos los campos de la Vega quedaron desérticos. El vergel más rico de la Península Ibérica se convirtió en una árida y sombría extensión de tierra.
Tan solo quedarían habitando en Armilla dos familias descendientes de los castellanos que se habían establecido cuando fue reconquistada. Triste es imaginar al pueblo en aquellos días. Las calles desiertas, las casas cerradas y los campos secos. En nada se asemejaba a aquel otro de años anteriores con sus hazas verdes, las calles con sus mercadillos de especias, los niños corriendo por las veredas, el sonido de las ruecas al hilar... Ahora se había convertido en un pueblo fantasma donde las familias León y Castillo esperaban que hubiese una nueva repoblación de castellanos viejos.
Fueron veinte las familias que llegaron hacia 1574 para instalarse y formar el definitivo núcleo de población, de las cuales descienden los vecinos del pueblo. Son sin lugar a duda los fundadores de la Armilla actual. Tales como los Pérez, los Romero, los Navarro, los Fernández de Toledo, los Aguilar, los de Toro, los Hernández de Toledo, los Riaño, los Chaves, los Mosquera, los Pantoja, los López, los Morales...
Una peculiaridad poseen los actuales habitantes de Armilla, es que ninguno de ellos son descendientes de los musulmanes, aun por muy remotos que sean sus orígenes. Todos los antepasados de estas familias nacieron o bien en Castilla o en la Baja Andalucía.