Se encuentra ubicado en el interior de la vivienda conocida Dar al-Arusa (Casa de la desposada), en la zona más elevada del Cerro del Sol. El edificio debió ser de grandes dimensiones, rodeado de variopintos jardines y diversos huertos de cultivo. Dar al-Arusa carecía de un punto de agua propio, por lo que era traída hasta el albercón desde una cota más elevada mediante complicados artificios, restos de los cuales se perciben junto a una noria cercana. En la actualidad se desconoce si el agua provenía desde el pozo del Cerro del Sol o bien, de un acuífero del propio barranco.
Con este blog pretendo dar a conocer mi obra a todos aquellos que estén interesados.
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miércoles, 22 de octubre de 2014
ALBERCÓN DE DAR AL-ARUSA
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ALBERCÓN DE ALIXARES
Actualmente se desconoce el sistema de abastecimiento de agua que disponía este estanque, aunque imaginamos que no sería con agua de lluvia y sí con una corriente permanente procedente del albercón del Negro. Esta construcción sirvió para llevar el agua a las viviendas de Alixares, donde se empleaba para abastecer la residencia principal y el área de cultivo irrigada.
Los restos de tan vetusta obra se encuentran esparcidos en el entorno del cementerio de san José, correspondiéndose su bastimento con el reinado de Muhammad V.
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ALBAYCÍN
Este barrio carismático de la ciudad de Granada, se halla situado entre las murallas de la Alcazaba, el cerro de san Miguel y la puerta de Guadix, de una parte, y la de la Alacaba de la otra. Sus orígenes se remontan a la época ibera y, posteriormente a la romana. Su nombre se origina, al ser poblado en 1227, por un grupo de moros desterrados procedentes de la ciudad de Baeza, que tuvieron que abandonar sus hogares y tierras tras la conquista del lugar por el rey Fernando I el Santo.
El Albaycín constituía uno de los núcleos antiguos de Granada, junto con la Alhambra, el Realejo y el arrabal de Bibarrambla. Una especie de ciudad aparte donde se asentaban los vecinos más acaudalados, influyentes y laboriosos de la metrópoli. Su importancia lo atestigua la treintena de mezquitas erigidas en sus diversas calles, y que en la actualidad son iglesias cristianas.
El barrio fue incrementando el número de habitantes conforme fueron transcurriendo los años, acogiendo entre sus calles refugiados sarracenos de otras poblaciones, teniendo su mayor influencia durante la época de los nazaríes. De aquella etapa mantiene su trama urbana, que el viajero alemán Münzer describiría como que “sus calles eran tan sumamente estrechas que, en muchas de ellas, por la parte de arriba se tocan los tejados de las casas”.
Durante la época musulmana, el Albaycín fue considerado, en diversas ocasiones, como bastión espiritual y de resistencia de muchos reyes. Pues sus gentes, además, de encontrarse en buena situación social, eran influyentes y belicosas. Así lo demuestran el sinnúmero de revueltas en que intervinieron durante los últimos años de la etapa nazarí. Tras la conquista cristiana, la población del Albaycín creció una vez más. En esta ocasión, por los moriscos que debieron agruparse en el barrio para defenderse de las imposiciones de los cristianos, como ocurrió durante las revueltas de 1499 y la de 1568, que finalizó con la deportación de los vencidos a la región de Castilla.
Sería en esos años cuando comenzó el período de decadencia del Albaycín, ya que la gran mayoría de sus vecinos más ilustres marcharon al Norte de África, lo que supuso el declive de las actividades industriales, que habían hecho famoso al barrio. Tal fue la caída que, en 1620, se estipuló de forma oficial la repoblación. Circunstancia por la que se dieron las casas y fincas en propiedad, a todos aquellos vecinos que acudieran a instalarse, con la finalidad de crear un negocio o ejercer una profesión que realzara la economía.
Actualmente, el barrio del Albaycín conserva las formas y aspecto típico de antaño, y su disposición urbana sigue siendo la misma que mostraba en tiempo de los moriscos. Destacando un tipo tradicional de vivienda llamada carmen, que está compuesta por una vivienda, rodeada por un alto muro que la separa de la calle, y un pequeño jardín o huerto.
En el año 1984 la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad, junto con el conjunto histórico-artístico formado por la Alhambra y el Generalife.
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ALAMEDAS DE LA ALHAMBRA
Se encuentran situadas en el que fuera valle de al-Sabika, lugar en donde se encontraba situado un cementerio real (maqbura) en el que fueron sepultados Ahmar y algunos de sus descendientes. Las alamedas se plantaron durante la época cristiana, tiempo en que la mayoría de los jardines y arboledas de la Alhambra se encontraban en un estado muy precario. Así, al comenzar el siglo XVII, quedaba muy poco de ellos, debiendo repoblarse en 1625 y remodelarse en 1641, labor que calló sobre el Marqués de Mondéjar.
En 1729, las alamedas de la Alhambra fueron remodeladas nuevamente, el motivo fue el viaje que realizó a Granada el rey Felipe V, por lo se hicieron tres nuevos paseos. Posteriormente, entre los años 1828 y 1862 el paseo sufriría nuevas modificaciones, trazándose sobre las antiguas. Actualmente, la alameda está conformada por un bosque de altos árboles, que ofrecen al visitante sombra y frescura.
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martes, 21 de octubre de 2014
ACUEDUCTO DE LAS MONJAS
A espaldas del convento de santa Isabel la Real, tenemos la entrada al callejón de las Monjas. De uno a otro lado cruza el Acueducto de las Monjas, que conduce las aguas de la acequia de Aynadamar. Según cuenta una leyenda granadina de 1705, en uno de sus arcos aparecieron ahorcados, cierta mañana, los cadáveres de varios conspiradores apresados durante una encerrona, cuando se reunían secretamente confabulándose a favor de la Casa de Austria, en los días de la guerra de sucesión, a la muerte de Carlos II.
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ACUEDUCTO DEL SACROMONTE
Al Este del Sacromonte se pueden ver los restos de un acueducto, erigido en 1554 para el abastecimiento de aguas para la ciudad, que provenía del lugar conocido por Valparaíso, ubicado en el pago de Handacarhema, donde nacían varias fuentes. El acueducto dejó al poco tiempo de su construcción de ser útil, por lo que se abandonó y en ese estado se encuentra en nuestros días.
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ACEQUIA REAL
Durante el reinado Muhammad I (1237-1273), fundador de la dinastía Nasrí, se construyó la Acequia Real. Esta obra fue de vital importancia para la Alhambra, que en aquellos años era una de las tantas fortificaciones militares existentes en el Al-Andalus, donde escaseaba el agua, teniendo que ser subida desde el río Darro por personas o animales.
Gracias a la construcción de la Acequia Real, la fortaleza de la Alhambra pudo ser ampliada, convirtiéndose con el paso de los siglos en el monumento que actualmente conocemos. El río Darro fue el benefactor de la acequia, proporcionándole su agua desde las inmediaciones de Beas de Granada, en concreto desde el actual cortijo de Jesús del Valle, a unos siete kilómetros de la ciudad.
La toma de agua se realiza en el margen derecho del río, y tras un breve recorrido pasa a la otra orilla a través de un acueducto, discurriendo por la ladera del Cerro del Sol hasta llegar al Generalife.
Con el aumento de las edificaciones y la población de la colina roja, se desdobló la acequia, conservando la cota. A la vez que se llevaban a cabo nuevas captaciones, que proporcionarían agua a las huertas superiores del Generalife. A la par, en los palacios y viviendas de la Alhambra se almacenaba el agua en los respectivos aljibes y estanques, mientras los excedentes volvían al río Darro a su paso por la actual Plaza Nueva.
La admirable gestión de las aguas de la Alhambra y Generalife, a pesar del escaso caudal, permitió crear un vergel de huertas, un paraíso de jardines y proveer a la corte y a la guarnición de los monarcas nazaríes.
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lunes, 20 de octubre de 2014
ACEQUIA DE AYNADAMAR
También se le conoce con el apelativo de Fuente de las Lágrimas porque, según cuenta la leyenda, de su manantial emanaba agua en forma de lágrimas. La acequia actualmente transcurre por los mismos parajes que los trazados por el visir Abu Mu Ammal, quien recibió el encargo de trazarla por órdenes de Abd-Allah, para que sus aguas abastecieran a las poblaciones de Alfacar y Granada.
Las acequias (del árabe as-saqiva) son construcciones, de origen árabe, que se emplearon para transportar el agua desde los manantiales hasta lugares próximos a lo largo del terreno. En su recorrido, estos canales artificiales se beneficiaban de los desniveles del terreno para conducir el agua de un lugar elevado hasta otros de inferior altitud.
Tras la conquista de Granada por los castellanos, las acequias continuaron desempeñando igual función, así lo atestigua una Real Cédula promulgada por los Reyes Católicos el 15 de octubre de 1501, en la que se mencionaba la acequia de Aynadamar y su Fuente Grande.
En la actualidad, la Acequia de Aynadamar lleva sus aguas desde la Fuente Grande hasta Alfacar, pero en el pasado sus aguas transcurrían por las inmediaciones del monte Torices, el Barranco del Collado y el Molino de las Pasaderas. A continuación se adentraba en la localidad de Víznar, cruzando el Molino Florencia, el Carmen de los Arroyos y el Molino de san Cayetano. Y de este modo irrumpir en Granada por el camino del Fargue, el Almanjayar y la Puerta de Elvira, donde sus aguas regaban hermosos cármenes en los que los árabes veraneaban.
Ya en la ciudad, la Acequia de Aynadamar, transcurría por el subsuelo, desviándose hacia el Carmen de Tllacarne y dividiéndose en el Manflor, donde se ramificaba llegando hasta los arrabales inferiores del Albaycín, el castillo de Garnata y la Alcazaba antigua.
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ABADÍA DEL SACROMONTE
Este genuino edificio se encuentra ubicado en la cumbre del Monte Valparaíso, justamente al final del camino de las Siete Cuestas. Su construcción se remonta al 1600, estando ligada su historia, supuestamente, a unas placas de plomo encontradas por dos hombres buscadores de tesoros. En las placas, de origen árabe, se relataba el martirio de san Tesifón, motivo por el que Arzobispo de Granada ordenó una serie de excavaciones, en las que se hallaron restos humanos, un horno, unas cenizas y unas nuevas placas. Éstas últimas describían el martirio de los santos Cecilio, Hiscio y Tesifón.
Para gestionar la abadía, las autoridades eclesiásticas establecieron una fundación compuesta por un abad y una veintena de canónigos. El símbolo que la personificaba fue el de la Estrella de Salomón, que se observa en diferentes lugares del edificio.
En 1610, al ser trasladado el arzobispo a Sevilla, las obras sufrieron un receso, hasta entonces, solamente se habían construido el patio, la nave meridional y la actual iglesia. A principios del siglo XX, se llevaron a cabo nuevas obras, edificándose la planta para el instituto y la universidad. Actualmente el conjunto consta de tres partes: la Abadía, el Seminario y la Colegiata.
El museo de la Abadía dispone de un elenco de obras, destacando una copia del “Cristo muerto, sostenido por un ángel” de Alonso Cano, junto con una serie de vestiduras y tapices. Asimismo, se pueden observar los libros plúmbeos, en total veinticinco, que afirman que el mártir cristiano san Cecilio, ejecutado durante el reinado de Nerón (siglo III), era de ascendencia árabe y, que tras su conversión al cristianismo, fue ejecutado, junto a otros cristianos, por los romanos. Los libros plúmbeos, siempre sembraron la duda sobre su autenticidad, por lo que fueron condenados por el Papa en 1682. Esta polémica duraría hasta el siglo XVIII, circunstancia por lo que fueron llevados a Madrid y posteriormente a Roma para su estudio, donde se decidiría la no autenticidad de éstos. Afortunadamente, no se llegaron a destruir, y en junio de 2000 fueron devueltos a Granada.
Las cenizas de san Cecilio y la de otros santos mártires se guardan debajo de sus estatuas correspondientes en la iglesia. En la misma, se pueden visitar las santas cuevas, ubicadas en el subsuelo y conectadas, entre sí, por una serie de pasillos recónditos, que albergan unas capillas con su ornamentación correspondiente. En una de estas capillas hay un crucifijo que perteneció a san Juan de Dios, el cual solía llevar puesto cuando pedía limosna. En otro de los oratorios se observa una piedra que, según cuenta la leyenda, al ser besada por una mujer soltera, se casará antes de que finalice el año.
La festividad de san Cecilio, patrón de Granada, se celebra el día uno de febrero, y en el domingo más cercano se realiza una romería a la abadía, con su correspondiente misa y su folclóricas fiestas, donde el público asistente come, mientras se reparten las tradicionales habas, “salaillas” y bacalao.
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